jueves, 27 de enero de 2011

Qué hija de puta es la vida a veces

El martes empezó bien pero a lo largo del día fue empeorando. Una muy linda tarde con amigas hizo que mi humor sea el mejor (por lo menos durante esa parte del día) pero después me enteré que no puedo ir a ver a Paramore porque me voy un día antes del recital y los pasajes están comprados. ¿Se puede tener tanta mala suerte? Yo creo que sí. Insulté a más no poder, y lo sigo haciendo, porque todavía no puedo creer que me vaya a perder el recital que vengo esperando desde hace un año. Es una de mis bandas favoritas y por un día, uno solo, me voy a perder la oportunidad de verlos en vivo. Adhsajhajs, la reputísima madre. En fin, esa noticia había empeorado mi ánimo pero faltaba la frutilla del postre, algo que me hiciera sentir tan mal que me arruinase el día por completo: que me robaran.
Es increíble la mala suerte que tengo con los celulares. Me puse a pensar y es el tercer año consecutivo que me lo roban (espero que este robo sea el del año y no haya otro). Fue un momento de mierda y me sentí tan impotente ante la situación. No es la primera vez que me roban pero fue en la que peor me sentí después. No podía calmarme, estaba muy asustada por la manera en la que me habían tratado y  muy triste por las cosas que me habían llevado (no por el valor material de las cosas sino por el sentimental). Lloré mucho hasta que logré calmarme y, sinceramente, de lo único que tenía ganas es de que terminara el día. Y terminó pero, como lo había anticipado antes, mal.

Algo muy gracioso es que tenía puesto el mismo bolso que tenía la última vez que me habían robado. Esperemos que cambie mi suerte.

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