Un segundo de peleas y mi humor se va a la mierda.
Ayer me desperté y estaba sola en mi casa. Como esto no pasa muy seguido, me levanté de la cama y me preparé el desayuno. El día estaba lindo y no tenía ganas de ir a la playa entonces salí al patio y me puse a tomar sol. A la media hora llegó mi mamá. Decidimos juntas qué ibamos a almorzar y la ayudé a cocinar. Al rato llegó mi hermano (él vive en La Plata y no nos llevamos muy bien) que está pasando el verano acá y por lo tanto, vive en mi casa. Entiendo que hayas llegado de trabajar y estes cansado pero ¿hay necesidad de traer tanta mala onda? Unos comentarios y ya empecé a escuchar cómo levantaban la voz mientras discutían por una estupidez. Pasó. Después llegó mi abuela y cuando me saludó me dijo Vanesa (el nombre de una de mis hermanas). No sé si fue porque estaba medio caliente porque toda la paz se estaba yendo o qué pero me enojé. Puede parecer una cosa sin sentido pero es la décima vez que me cambia el nombre en dos días y me rompe un poquito las pelotas, digamos, ¡soy tu nieta! creo que después de dieciséis años sabés diferenciarme de mis hermanas. A pesar de mi enojo, no dije nada pero mi mamá sí. ¿Para qué habló? Quilombo de nuevo. Después de que se calmaran las aguas, llegó mi papá. Entró con su energía de siempre, haciendo los típicos comentarios pero mi humor ya no estaba bien y no sé si les pasó, pero tenía ganas de salir corriendo de mi casa y desaparecer en ese mismo momento. Como no podía hacerlo me fui a mi habitación, me encerré, sentí unas terribles ganas de llorar y lloré. Me sentí aliviada y de nuevo tenía la sensación de que todo estaba bien. No sé, fue raro.
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